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Sauna y Alzheimer: qué dice la ciencia sobre sus beneficios para el cerebro

Sauna y Alzheimer: qué dice la ciencia sobre sus beneficios para el cerebro

Lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en un sauna es “relax”. Y sí, este es uno de los beneficios más directos y palpables de la exposición al calor. Pero el sauna podría hacer mucho más que ayudarnos a desconectar.

En este artículo hacemos un doble-click en la posible relación entre el uso frecuente del sauna y un menor riesgo de desarrollar demencia y Alzheimer. ¿Cómo? A través de las porteínas de choque térmico (Heat Shock Proteins o HSP). 

Importante: la evidencia disponible muestra asociaciones prometedoras, pero todavía no permite afirmar que el sauna prevenga o trate el Alzheimer.


Entendiendo el Alzheimer

El Alzheimer es una enfermedad cerebral progresiva e irreversible que afecta principalmente la memoria, el pensamiento y otras funciones cognitivas. 

¿Qué es lo que pasa en el cerebro? En el Alzheimer hay dos proteínas que empiezan a actuar de manera “rara”: beta-amiloide y Tau. Estas proteínas se acumulan en el cerebro y forman estructuras que interfieren con la comunicación y el funcionamiento de las neuronas. 

Estas acumulaciones terminan formando las famosas “placas amiloides” que se encuentran en los cerebros de personas con Alzheimer.

Ahora bien, esta es una de las principales teorías de cómo se desarrolla el Alzheimer. Hoy sabemos que esta enfermedad es mucho más compleja. También intervienen otros procesos, como inflamación, alteraciones vasculares, factores genéticos y problemas en los mecanismos de limpieza del cerebro.

Por eso, entender cómo diferentes hábitos pueden influir sobre estos mecanismos es una de las áreas de investigación más interesantes de la neurociencia actual.

 

¿Qué hace el sauna en el cuerpo?

El sauna expone al cuerpo a temperaturas elevadas durante un período de tiempo determinado. En respuesta, se activan diferentes mecanismos para regular su temperatura y adaptarse al estrés térmico.

  • Sistema Cardiovascular. Los vasos sanguíneos se dilatan para bajar la temperatura corporal. Esto obliga al corazón a trabajar más: aumenta el flujo sanguíneo y la frecuencia cardíaca. 

  • Termorregulación. El cuerpo también empieza a transpirar para bajar su temperatura.

  • Hormonas. La exposición deliberada al calor puede aumentar significativamente los niveles de la hormona del crecimiento, ayudando a la recuperación y aumento de la masa muscular, como también la reparación de los tejidos. 

  • Endorfinas. El sauna genera una liberación de endorfinas, conocidas popularmente como las “hormonas del bienestar”. Son las responsables de esa sensación de calma y felicidad que muchos sienten después de una sesión de sauna.

Pero hay un mecanismo que resulta especialmente interesante cuando hablamos de sauna y salud cerebral: las proteínas de choque térmico (HSP).


El sauna y las proteínas de choque térmico

Cuando el cuerpo se enfrenta a temperaturas elevadas, activa un mecanismo de protección celular: las heat shock proteins. 

Estas son “protectoras celulares”: ayudan a otras proteínas a mantener su estructura, repararlas si están dañadas y evitar que se doblen incorrectamente. Esto último es especialmente importante cuando hablamos de Alzheimer. 

¿Por qué? Porque el mal plegamiento y la acumulación anormal de proteínas son procesos relevantes en enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.

De ahí surge una hipótesis interesante: la exposición repetida al calor podría activar mecanismos celulares de protección que, en determinadas circunstancias, podrían contribuir a mantener la salud de las células.

 

¿Puede el sauna reducir el riesgo de Alzheimer? 

Acá es donde la investigación se pone especialmente interesante.

Uno de los estudios más conocidos sobre sauna y riesgo de demencia fue publicado por investigadores de la University of Eastern Finland y analizó los hábitos de sauna de miles de hombres finlandeses durante dos décadas.

Sauna bathing is inversely associated with dementia and Alzheimer’s disease in middle-aged Finnish men

Laukkanen T. y colaboradores estudiaron a 2.315 hombres finlandeses, de entre 42 y 60 años al comienzo del estudio. Los dividieron en tres grupos según su frecuencia de sauna:

  • 1 vez por semana

  • 2–3 veces por semana

  • 4–7 veces por semana

Después de aproximadamente 20 años de seguimiento, se registraron 204 casos de demencia y 123 casos de Alzheimer. Y apareció algo muy llamativo:

Comparados con los hombres que utilizaban el sauna una vez por semana, aquellos que lo utilizaban 4 a 7 veces por semana tenían un riesgo considerablemente menor de desarrollar demencia y Alzheimer.

En concreto:

  • 66% menor riesgo de demencia

  • 65% menor riesgo de Alzheimer

El grupo que utilizaba el sauna 2–3 veces por semana también presentó una asociación con un menor riesgo, aunque esta fue menos marcada.

¿Entonces el sauna previene el Alzheimer? No podemos decir eso. El estudio fue observacional. Es decir, los investigadores observaron los hábitos de las personas y lo que ocurrió con su salud a lo largo del tiempo, pero no asignaron aleatoriamente a los participantes a utilizar sauna. Por lo tanto, el estudio puede mostrar una asociación, pero no demostrar que el sauna sea la causa directa de la reducción del riesgo.

Por ejemplo, las personas que utilizan sauna frecuentemente podrían tener también otros hábitos relacionados con una mejor salud: mayor actividad física, mejores condiciones socioeconómicas o diferentes patrones de alimentación.

Aun así, los resultados son lo suficientemente interesantes como para haber abierto una línea de investigación sobre sauna, envejecimiento saludable y salud cerebral.


Una posible explicación: Heat Shock Proteins

Acá aparece otra pieza del rompecabezas.

El estudio “Heat Shock Proteins in Alzheimer’s Disease: Role and Targeting”, analiza el posible papel de las proteínas de choque térmico en la enfermedad de Alzheimer.

La idea va así:

Proteínas dañadas o mal plegadas → acumulación de proteínas → estrés celular → daño neuronal

Entonces, los investigadores plantean: ¿qué pasa si introducimos moléculas “protectoras” en la ecuación del Alzheimer?

Como las HSP juegan un rol clave en los mecanismos de protección de las proteínas, estas podrían tener potencial como parte de las estrategias para combatir enfermedades neurodegenerativas.

¿Cómo se conectan los dos estudios que vimos? La exposición al calor y las proteínas de choque térmico pueden conectarse a través de una misma idea: el estrés térmico controlado activa mecanismos de adaptación y protección celular.


¿Cuánto sauna recomienda Huberman para mejorar la salud?

Este es el protocolo que suele recomendar Huberman: 

  • Frecuencia: 2-3 veces por semana, pudiendo aumentar progresivamente a 4-7 veces.

  • Temperatura: aproximadamente 80-100 °C.

  • Duración: sesiones de 10-20 minutos.

La idea no es buscar la máxima temperatura ni aguantar el mayor tiempo posible. Como con cualquier práctica, la adaptación es progresiva. 

Acordate de siempre mantenerte hidratado y no sobre-exigirte. Ajustá tiempo, frecuencia y temperatura según tu tolerancia y adaptación al calor. Incluso según cómo te sientas ese mismo día. 

 

Conclusión: sauna y salud cerebral, una relación que recién estamos empezando a entender

La relación entre sauna y Alzheimer es super interesante. Pero todavía quedan muchas preguntas por responder e hipótesis por validar. No se puede decir, hoy, que el sauna es la cura del Alzheimer. 

Lo que sí podemos decir es que es una práctica que forma parte de un estilo de vida saludable, que brinda muchos beneficios a nivel cardiovascular, metabólico y, potencialmente, cerebral. 

(*) La información en este artículo no debe tomarse como consejo médico. Ante cualquier duda o afección de salud, consulte con su médico de cabecera antes de incorporar el sauna en su rutina.

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