La crioterapia es mucho más que “aguantarse el frío” del agua helada. Cuando exponemos el cuerpo a temperaturas muy bajas durante pocos minutos, se activan una serie de respuestas fisiológicas profundas que impactan el corazón, la circulación, los músculos, el sistema nervioso y el metabolismo.
¿Qué es la crioterapia?
La crioterapia consiste en sumergir el cuerpo (total o parcialmente) en agua fría, generalmente entre 13 °C y 3 °C, durante un corto periodo de tiempo, que suele ir de 2 a 5 minutos.
¿Por qué alguien elegiría meterse voluntariamente en agua helada? Esta práctica tiene una larga historia y hoy cuenta con creciente respaldo científico gracias a sus efectos positivos sobre el cuerpo y la mente:
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Recuperación muscular más rápida
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Reducción de la inflamación en el cuerpo
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Mejor estado de ánimo y menor nivel de estrés
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Sistema inmunológico más fuerte
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Activación del metabolismo
Pero… ¿por qué pasa todo esto? Porque el frío actúa como un estímulo tan potente que obliga al cuerpo a adaptarse. Y esas adaptaciones son, en muchos casos, profundamente beneficiosas.
Vamos por partes.
Crioterapia, corazón y sistema circulatorio
Al entrar en contacto con el agua fría, el cuerpo activa lo que se conoce como “respuesta de shock frío”.
Los receptores térmicos de la piel detectan la baja temperatura y provocan una vasoconstricción inmediata en las extremidades para conservar el calor y proteger el núcleo del cuerpo (donde se encuentran los órganos vitales).
¿Cómo se siente? En los primeros segundos, vas a sentir una aceleración brusca en los latidos del corazón (BPM) y tu respiración va a ser más rápida y superficial. Esto es normal ya que la vasoconstricción eleva momentáneamente la presión arterial.
Pero pasado este umbral inicial, los BPM comienzan a bajar debido a la combinación de:
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El reflejo de inmersión, que reduce la frecuencia cardíaca para conservar oxígeno.
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La estimulación del nervio vago, promoviendo un estado de calma y regulación del sistema nervioso.
¿Cuál es el beneficio de todo esto? El cambio en el flujo sanguíneo funciona como un entrenamiento para el sistema cardiovascular:
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El corazón bombea con mayor fuerza
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La sangre fluye más rápido, circula por el sistema cardiovascular y se oxigena mejor
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Al salir del agua, los vasos se dilatan y la sangre rica en nutrientes vuelve a las extremidades
Resultado: un corazón más fuerte y una circulación más eficiente.
Crioterapia y músculos: el efecto antiinflamatorio
Uno de los beneficios más conocidos de la crioterapia es su potente efecto antiinflamatorio.
El ejercicio intenso, como levantar mucho peso o entrenamientos fuertes y prolongados, produce desgarros microscópicos en las fibras musculares. La inflamación es parte natural del proceso de reparación, pero cuando es excesiva puede generar dolor y retrasar la recuperación.
¿Qué hace el frío con la inflamación? La reduce.
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La vasoconstricción reduce el flujo sanguíneo a la zona afectada y ralentiza los procesos de inflamación.
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Con la vasodilatación, la sangre oxigenada y rica en nutrientes vuelve a circular por todo el cuerpo, permitiendo que llegue más rápido a los músculos dañados.
Crioterapia y mente
Cuando la temperatura del cuerpo desciende, el cerebro libera hormonas y neurotransmisores del bienestar: endorfinas, dopamina y serotonina.
¿Por qué pasa esto? Podemos entenderlo desde una perspectiva evolutiva. El cuerpo libera automáticamente estos neuroquímicos en contextos de estrés. Dado que nos hacen sentir mejor y alivian la sensación de agotamiento o fatiga, esto pudo haber sido útil para garantizar la supervivencia de nuestros ancestros en ambientes hostiles.
Las endorfinas, por ejemplo, actúan como analgésicos naturales. De hecho, su nombre proviene de “endógeno” y “morfina”.
Por eso muchos humans describen la crioterapia como una sensación de claridad mental, calma profunda y buen ánimo que puede durar horas.
Crioterapia, grasa parda y metabolismo
Uno de los efectos más interesantes del frío ocurre a nivel metabólico.
Durante la inmersión, el cerebro libera noradrenalina, una hormona clave que activa la grasa parda.
Esta grasa es muy diferente a la blanca (la que comúnmente conocemos como “grasa mala”) ya que es metabólicamente activa, aumentando el gasto energético y, por ende, quemando calorías cuando se activa.
La grasa parda, además, impulsa el crecimiento de mitocondrias, las “centrales energéticas” de las células. Con el frío, las mitocondrias absorben glucosa y grasa del torrente sanguíneo para mantener alta la termogénesis. De esta manera, también estamos generando una pérdida de la grasa no saludable y la glucosa.
Conclusión
Así es como, de manera muy resumida, la crioterapia puede activar una gran cantidad de procesos en el cuerpo y la mente, los cuales son beneficiosos. No es magia. Es biología y adaptación.
(*) Disclaimer: Todas las personas que quieran comenzar con crioterapia, especialmente aquellas con enfermedades o condiciones médicas preexistentes, deben consultar previamente con su médico. Este artículo reúne información científica y divulgativa, pero no reemplaza asesoramiento médico profesional.
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Tu cuerpo sabe adaptarse. Solo necesita el estímulo correcto.